puck's profileLuz en la oscuridad. Sie...PhotosBlogListsMore Tools Help

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June 24

La luna y el mar.

 
 
 

La luna enamorada vierte su luz

sobre el océano herido de amor

que responde a su tierna llamada

reflejando en él su resplandor.

 

Le cuenta sin palabras

con su blanca energía callada

que le espera cada noche

como amante lleno de vida,

de secretos entre sus aguas,

y le pregunta grande y silenciosa

si aún con tanta bendición,

tanta alegría entre sus mares,

aún sin poder jamás tocarla,

si él también desea amarla,

y el océano se manifiesta,

embravece su profundidad

para poder elevar hacia ella

sus más grandiosas olas

y así, como un gran espejo

se reflejan miles de lunas

que con un gran susurro

le dan la ansiada respuesta

que en cada encuentro necesita.

 

El mar salpicando el cielo

le grita en su inquieto rozar

de unas gotas sobre las otras:

¡Solo tú, solo tú me importas!.

 
June 18

Llueve sobre mojado.

 
 

Mis dedos se deslizan en tu piel,

anhelando tocarte una y otra vez.

Se mueven resbalando en la nada,

mientras tu presencia se retira.

Mi mano hace un rasguño al vacío,

intentando atrapar tu lejano viento

que galopa feliz como caballo libre

con su melena enredando mi pelo.

En su volar me deja tu aroma,

tu aire suave que limpia mi rostro,

ese calor que hace cerrar mis ojos,

y me induce a un extraño sueño

dejándome dormida sin dolor,

y ajeno a mí, el día se queda solo,

inconsciente de mi sentir,

 

Otro viento que no es el tuyo

azota las copas de los árboles.

Una hoja pasa, como esta hora,

sola, indiferente a las demás,

atraída sin remedio por la gravedad,

se deja caer insensible, sin vida,

y aunque mi alma quebrada está ida,

mi cuerpo permanece observando

como las nubes descargan su ira,

dispersando gotas en el suelo,

y viendo caer, una aquí, otra allá,

se desparraman mis pensamientos,

y una lágrima que lucha por salir,

sin querer, desciende incontenible.

Llueve sobre mojado, abrígate,

tras del cristal te espero.

 

June 11

La guerra que perdimos.

 
 

                    Ayer, parece que fue ayer, cuando luchábamos en batallas, unas veces contigo, otras veces contra ti, absurdas batallas que levantaban muros y muros que caían solos y al final las dos perdimos la guerra, y ahora estas ahí, pareciendo estar en otro mundo, has dejado de luchar, y yo lucho sola intentando llegar a ti, te limpio con un paño caliente la cara para que sientas algo de calor, de mi calor, y luego te doy crema para que te la extiendas y puedas sentirte y la impregno en mis manos y en las tuyas para ver si en un contacto de mi piel con la tuya surge la magia, queriendo que mis manos se transformen en lazos invisibles, grandes, reconfortantes, que busquen en los rincones de algún universo desconocido en el que habitas y puedan recogerte suavemente rescatando tu alma perdida.

May 26

La barca.

 
 

Paseo por la orilla de tu playa solitaria,

llena de silencios entre el ruido de las olas

y el cantar de las gaviotas blancas.

Ya no estás, hace tiempo que marchaste,

pero huelo en mi piel tu sabor a sal

y me calienta este sol de tu paisaje.

 

La luz se quedó suspendida en el aire,

sin tiempo, sin lugar ni realidad,

y mi alma susurra cantos de sirena

para que vuelva el amor que navega

quizá en el horizonte o en ninguna parte.

 

Y mientras, sigo aquí esperándote,

deseando ver, junto a las mías, tus huellas,

que pongas rumbo de nuevo hacia el mar,

y volver a navegar desplegando nuestras velas,

recordándote desde el vaivén de la soledad

sentada en mi barca varada en la arena.

 
 
May 20

Mi sueño.

 
 

El tictac del reloj toca su rutina.

Tras el cristal la luna alumbra clara

el mágico cielo estrellado en la negrura,

y en el desvelo las horas pasan lentas, pesadas,

mi ser se revuelve perezoso e inquieto,

acercándose al tuyo queriendo dormir.

 

Te atrapo en la cercanía a la vez que al sueño,

apoyando mi cabeza en tu pecho,

y en sus latidos rítmicos y sencillos

descubro de nuevo como suena el amor

y me recorre una sensación plena e infinita

al calor de tus dedos acariciando mi pelo,

con la paz de tu cuerpo rozando mi piel,

una dulce alegría que disipa la melancolía

y cierro los ojos creyendo morir

al llenarse la estancia de ti y de mí.

May 07

Viento de amor.

 
 
 

¡Ya se despierta la palabra dormida!

¡Ya se une el engranaje de la poesía!,

Ven hacia mí, ¡oh, viento del amor!,

¡Encárname tus alas de energía!;

llévame hasta donde nunca llegué,

tráeme aromas de tierras lejanas,

historias de cuentos olvidados,

colores dorados en un mar de plata,

confines prohibidos en un abismo

de una galaxia en metal y luz forjada.

 

Deja que en ti viva y sienta,

alcánzame la luna de los poetas,

para descansar allí mi alma perdida.

¡No me abandones en la noche eterna!.

 
May 01

Enséñame.

 
 

Dime, pájaro libre,

si me acompañarás en este día,

si dejarás que aprenda de tu humildad,

de tu sencilla alegría,

de cómo disfrutas en la lluvia,

de cómo mojas tus alas en el charco,

de cómo juegas entre la espesura,

de tu libertad surcando el cielo,

de tu pequeña labor tejiendo un nido

y de cómo al sobrio atardecer,

con la misma fuerza sigue tu canto.

Quiero aprender de tu volar,

enséñame, sin tener nada que enseñar,

a ser otro pequeño pájaro

que construya, juegue, vuele,

y que con lo más elemental

se alimente de la felicidad,

sintiendo, solamente por sentir,

lo más simple de esta vida.

April 28

Creer en algo es el secreto...

 
 
Creo que creer en algo es el secreto... como leí en algún lado los que tienen esperanza siempre serán libres.
 
  
 
April 23

Amanecer contigo.

 
 
 

El canto de un pájaro avergüenza en el aire

al tímido silencio de la inminente aurora,

y ella lanza al sol por el horizonte, suave,

tal como incita a caminar la yegua al potrillo.

 

Se colorea paulatinamente el gris tenue

por el que la noche camina hacia el breve olvido

y se disuelve mansa, sin resistencia,

impaciente por ser de nuevo presa en el cielo.

 

Las nubes que en la oscuridad traviesas

jugaban a esconder la luna, ya clarean,

convirtiéndose en blancos armiños de invierno.

Descubiertas, en indefinidos encantamientos

alzan su callada protesta con delicadas formas

como queja por no seguir el nocturno juego,

y durante este amanecer del nuevo día,

como otro recién nacido prodigio,

irrumpe en mi mente tu bello semblante

y desperezo en su imagen mis pensamientos.

April 21

¿Soy?.

 
 
 

La sonrisa ante la vista

de una sencilla flor

que el niño regala a su madre…

 

El dolor del desamor

en la distancia del corazón

de dos amantes que se alejan…

 

La inquietud y desazón

ante la aparente larga espera

de un cercano destino…

 

La bondad del errante hogar

donde el alma descansa

en su viaje peregrino…

 

Eso es lo que sin ser soy;

una duda, una tristeza,

una alegría, una pasión…

Un sentimiento fugaz

sin forma, sin sabor,

sin olor ni trascendencia

en cada instante del camino.

April 15

El Creador.

 
 

No eres un mago,

pero me mostraste la magia,

con tu forma de ser, de estar,

ni me enseñaste a andar

mas aprendí a caminar

por el extraño camino

en el que a veces coincidimos,

y en el oficio de tu vida

eres el mejor artista, el creador,

el que pinta cada día su color,

tiñendo de claro lo oscuro,

y yo te observo con asombro,

en tu esfuerzo generoso

cuando repasas con cuidado

para hacerlo aún más lindo

y otros podamos verlo así.

 

Me gustas, aunque sea a mi manera

y tú te gustes a la tuya,

me enseñas a tu lado

con la sola experiencia.

 

No soy lo que tú eres,

vivo nada más que en mí,

pero al compartir la vida

llevo algo de tí conmigo.

March 10

......

 
February 07

Un canto entre sueños.

          La vida cambia de un momento a otro y me pilló desprevenida, como tantas otras veces. No era nada grave, solo me dolía la sensación de haber sido privada de tu compañía diaria. Era tanta la alegría que me daba verte en la oficina sentada cuando yo llegaba… Como si una luz invisible llenara el espacio donde enredabas con los trastos y papeles, observarte y tener la agradable sensación de que me observabas con curiosidad, dos personas que empezaban a conocerse con la intensidad que da la impresión de haberse conocido antes sin la prueba palpable de que fuera una vivencia real, quizá imaginada pero sentida hasta el tuétano de mis huesos, y entonces desapareciste de esa rutina y algo me caló muy hondo, la entonación de un Carpe diem que me arañaba en el alma, como si no tuviera que desaprovechar ni un solo minuto, ni perder una sola ocasión de sonreír por una distracción, o estar distraídamente atenta a lo que aconteciera a mi alrededor.

 

          No entiendo por que causa el alma duele, suponía que las células son las que tienen este sentido, o la piel, o qué se yo donde se encuentra tangible el dolor. Me dolía más no saber donde se encontraba, ilocalizable en mí, recorriéndome por unas partes del cuerpo para después trasladarse a otras, estallando mi cabeza o revolviendo en el estómago, escondiéndolo, tal y como no quería que alguien lo viera reflejado en mi rostro, solo deseaba llegar a casa, perderme de la gente, sin poder desvanecerme del aquel pesar interior, queriéndolo aislar para mí misma. Llegué y saludé a los míos con apariencia tranquila. No tenía hambre así que me eché en la cama intentando curar esa fiebre emocional como quien cura una gripe, y así entre sueños, llegué hasta ti.

 

          Te ví en un paraje lejano, sintiéndote como si yo fuera tú misma, con gente que te resultaba sorprendentemente extraña, aunque estabas con la mente bien abierta para absorber y aceptarlo todo, algo intrínseco en tu ser, quizá por eso cuando mi alma se dirige a la tuya siento que ese encuentro no tiene que ver con el tiempo. El sitio te resultaba asombrosamente bello, tan distante de la ciudad, con tanto colorido, deliciosamente salvaje, lo que hacía que te encontraras mucho más en libertad, lejano de las formalidades occidentales en cuanto a ropas y sin ninguna norma, aunque con su propio orden establecido por el pasar del tiempo en aquellas personas. Los niños destilaban una alegría genuina propia de una inocencia desconocida hasta entonces para ti. Te miraban desde sus profundos ojos con cierto respeto, sonriendo, tan peinada, tan pulcra, les parecías alguien distinguidamente especial y te divertía sobremanera aquella chiquillería que pululaba a tu alrededor, tan desaliñada y a la vez tan genuina. La música allí era la voz salida de sus labios. Pasarías unos días en compañía de otros que provenían de tu ambiente, un tiempo también breve e intenso en el que cambiaría tu visión del mundo, haciéndola más amplia. El alojamiento destinado era muy humilde, de madera, pequeño, con un pobre camastro no incómodo del todo, ideal para “escuchar” el silencio de la noche, los pequeños movimientos de los animalitos, iluminados por una espectacular luna y estrellas que parecían brillar más que en otros lugares. En aquella cama  había que taparse bien para no sentir algún enorme bicho que entraba y salía como Pedro por su casa o la picadura de los grandes mosquitos con la previsión de cualquier mala consecuencia, para los que las cremas y los remedios se quedaban cortos. Había que dar gracias aún por tener esa pequeña casita, pues otras viviendas eran chamizos con un extraño olor desprendido del propio material con el que estaban construidos, difícil de describir en conjunto, hechas por la imaginación del que las creaba en el momento, mitad naturales, de ramas, barros… mitad artificiales, de lo que la suerte administrara. La gente adulta aborigen hacía sus labores con seguridad, trabajos sencillos. Las palabras intercambiadas no eran muchas, pero sí resultaban efectivas para lo que había que realizar, aunque casi era más fácil entenderles por los gestos, eran capaces de hacer una voltereta con tal de que su mensaje fuera recibido.

 

          La civilización eran unas cuantas humildes casa juntas, a las que se llegaba a través de los medios más insospechados, por medio de algún animal, o coches que solo Dios sabe cuantos años y reparaciones tenían, con olor a transporte de personas y bestias. Se podía llegar hasta el mar, transparente, virgen, con mucha vida y empaparse sin mojarse de su esplendor, con corales y peces llenos de colores que se adivinaban mirando desde la superficie. Te acercaste a tocar esa agua que parecía tan distinta, más clara, templada, introduciendo a la vez que tu mano, tu alma en ese otro mundo, entonces mirando hasta el horizonte comparaste el azul del cielo con el verde azulado del mar fundiéndolos en uno solo, liberándote en ese estallido de luz, color y sensaciones. Maravillada, observabas la enorme vegetación que se extendía ante tus ojos, que se criaba por sí sola con los regalos que le otorgaba la naturaleza, brotando de cualquier lugar desde donde pudiera albergar vida.

 

          Te hubieras quedado más tiempo, esa era la intención, no obstante aquel mundo tan interesante y desconocido chocaba con la cultura que habías aprendido y lo que estaba bien o mal para ti, allí podía ser algo normal. Te parecía que podían sufrir y no lo soportabas, aunque quizá no aguantabas tu propio sufrimiento. Un grito brotaba del interior, una diferencia tan espectacular entre personas del mismo planeta, pero es como lo que ocurre a pequeña escala, un poderoso no ayuda a un pobre, o lo ayuda en su mínima expresión, como unos países a otros, sin embargo, también los grandes países necesitan ayuda aunque aún no se hayan sentido enfermos, necesitan esa inocencia genuina que van perdiendo poco a poco, esa alegría cada vez más apagada hasta el punto de movernos solo como una máquina de comer, trabajar, dormir, una aportación de amor que aunque no sea valorada en estos tiempos como el dinero y la apariencia que nos robó el alma, es lo más valioso, el misterio divino que está aún por descubrir, y ese grito se instaló en ti, sintiendo la necesidad de que todo el mundo lo oyera, ahogado por el momento en la sordera humana, pero se asentó en tu interior, aprendiste a tocar, a oler, a ver de forma más intensa, a sentir la procedencia del ser humano, tan olvidada entre fábricas y muros…

 

… Y al sentirte tan profundo desperté de mí y de ti, y descabalgándome de lo etéreo eché mano de algo material y te mandé un mensaje breve, solo para saber que estabas ahí, por el mundo, y me respondiste con algo breve, reflejando en estas brevedades la misma intensidad que en nuestro breve encuentro, seguramente en la eternidad antes pactado, y supe que estarías bien y que yo también, y me incorporé en mi dolor más alegre, dejando que se apagara lentamente sin echarle más leña y en un silbido suave entoné el canto de uno de los niños…

 

 

 

De este agua que pasa yo bebo,

sigo bebiendo mientras sigue pasando

y aunque con mis manos atraparla quiero

se escurre entre mis dedos

y jugando, jugando, me sigue burlando

y yo lloro, pataleo me enojo,

hasta que le sigo el juego

y continua manando y yo disfrutando.

 

 

 

February 03

Un lugar extraño.

Dejé la maleta en manos de los empleados del aeropuerto, con cierta angustia de no volver a verla. Estaba acostumbrada a viajar siempre cerca, con el equipaje a mano. Era consciente de mi inseguridad, me gustaba tener todo controlado, que nada se moviera de su sitio y al volver tener la certeza de que algo que yo hubiera dejado siguiera estando allí. Era por eso que tenía ciertas manías, como la de llevarme los útiles del trabajo a casa, incluso la pesada grapadora por miedo a que alguien del turno de tarde la cambiara de sitio. Quería tener la tranquilidad de que nada descontrolaría mi vida, aunque sabía que eso era imposible y me dañaba, así que acepté el reto de una amiga, viajar sola, tomar un avión sin haber volado nunca e irme lejos, a una ciudad desconocida para enfrentar sensaciones nuevas. En un principio quise haberla “engañado”, llevar a otro en mi lugar, o ir acompañada, disfrazar la historia de alguna forma, sin embargo tenía la necesidad de traspasar mis propios límites y a pesar del temor me entregué a la propuesta.

 

El aeropuerto estaba lleno de gente, unos esperando, otros moviendo sus maletas. Me sentía una novata entre el bullicio, no sabiendo muy bien que hacer. Me senté aguardando la referencia a mi vuelo. Me entretuve observando, parecía que los viajeros sabían bien hacia donde dirigirse y me asaltó otra inquietud, la de no enterarme de cuando partía mi avión, pero sacudí la cabeza mirando el panel, expulsando aquellas ideas, al fin y al cabo trataba de obtener un poco más de seguridad en mí misma y allí nadie parecía perderse.

 

Por fin el indicador y los altavoces proclamaban el comienzo del viaje. Tuve la sensación de que las letras brillaban con una luz más potente que las restantes y que la voz resonaba en mis oídos penetrando en mi cabeza, poniéndome tensa y sintiendo una ligera opresión en el pecho a causa del pequeño sobresalto. Miré con desconfianza aquellos grandes trozos de metal, demasiado pesados para volar. Entré resignada y tomé el asiento que me correspondía. La azafata sonreía y debí corresponderle con una mueca, pues se me antojaba una monja a quien confesarle mis últimos pecados. El avión echó a rodar y mis nervios se disiparon. Sentía como si fuera una parte de él, con alas incluidas, moviéndome suavemente tomando velocidad. Sentada desde esa posición superior, dejando el aeropuerto atrás sin poder evitar nada, me dejé llevar. En el despegue tomé conciencia de la fuerza de los motores, creada por mentes inteligentes y el tesón del ser humano. Las nubes vistas por encima brillaban con más intensidad elevando mi espíritu un poco más cerca del misterio divino. Entre los huecos de ese mar blanco las casas se iban convirtiendo en pequeños juguetes, las personas en mero polvo cósmico y a medida que íbamos tomando altitud, las ciudades en diminutas parcelas y los campos en manchas marrones y verdes. El tiempo pasaba extrañamente deprisa y el horizonte simulaba estar más cerca, hasta que pude divisar el inmenso océano desde allí arriba. Los rayos generosos del sol lo iluminaban de un azul brillante, provocando que abriera la boca del asombro. Ante tanta belleza mis pensamientos se ralentizaron. Pensé en lo que dejaba atrás… y me sentí un poco inquieta, y a la vez más independiente.

 

Pronto empezamos a descender con algún vaivén debido a ráfagas de viento. Londres estaba sumido en una bruma gris y empecé a dudar de que esa ciudad me transmitiera buenas sensaciones. Parecía haber entrado en otro mundo, allí había menos bullicio aunque había la misma multitud, la gente hablaba y se movía más tranquilamente, de forma que cada ser parecía estar más sumido en sí mismo. Tuve que hacer algunas preguntas, expresándome como una terráquea hablando marciano en Marte. Al final algunas palabras las dí por escrito y alguien tuvo la amabilidad de repetirlas en alto para que aprendiera el idioma, ¡qué diferentes sonaban a como yo las pronunciaba!. Me abrigué bien por la humedad, aunque no hacía el frío que yo esperaba. Tomar un taxi clásico inglés me resultó divertido, como si viajara en otra época. Los coches circulaban despacio, respetándose con paciencia sin ningún pitido. En el hotel me llamó la atención lo sumamente cuidados que estaban los detalles y el orden que se respiraba en objetos y seres. La habitación también tenía un aire tradicional, algo austero para mis ganas de sentirme como en casa. Dejé el equipaje y me aventuré a recorrer la ciudad, pues en el mismo lugar había folletos que facilitaban la visita. Respiré aquel aire impregnado de un olor diferente, indefinible para mi olfato, quizá procedente de aquellos pequeños jardines con humildes flores y poblados arbustos recortados con esmero que engalanaban de naturaleza las aceras, formando un conjunto extraño con los edificios que contaban historias antiguas, inaudibles pero palpables en sus similares estructuras. Algunos estaban restaurados y otros conservaban aires milenarios. El Big ben me resultó como si fuera un señor alto y serio, y me dieron ganas de sacarle la lengua a ver sí sonreía con sus manecillas, tan distantes de un reloj digital, pero aguanté bien mi eterna rebeldía ante la aparente formalidad, entregándome al anonimato sin llamar la atención entre aquellas personas lejanas pero amables en su justa medida.

 

La bruma se abrió y la luz iluminó el ambiente. Estaba ya cansada, mi último objetivo de ese día sería el Puente Colgante. Me aproximé al amplio espacio que abarcaba el río. Hacia viento y alborotaba aun más mis pelos indomables con la humedad. Dejé que el aire me diera en el rostro aspirándolo con fuerza y toqué la rugosa pintura azul que recubría su parte metálica esperando absorber su largo pasar del tiempo, impertérrito ante las desavenencias del clima, intentando sentirme igual de inamovible. Me asomé para ver las aguas que pasaban entre verdes y grises y ellas me llevaron hasta mis pensamientos. Hasta ese momento no supe por qué razón mi amiga había elegido ese destino para mí, desconocía si con algún propósito o al azar, pero allí estaba y me servía, una tierra gris que mi ser comenzaba a ver de colores, que me enseñaba a remover mi libertad interior, y a no sentirme culpable por ello, a abrir la mente aceptando que había más aparte de mí y mis temores y que las personas y sitios pueden ser maravillosos si cambiaba mi limitada visión del mundo, un lugar extraño que me aproximaba a encontrar lo raro que me habitaba por dentro y que hacía que me preguntara qué es lo que en realidad es extraño. Había estado discurriendo a lo largo del día sobre qué regalo sería apropiado llevarla como prueba de mi estancia, y descartando algo material por inservible para transferirle la misión cumplida, me retiré al hotel a crear. Sentándome en la cama, feliz, imitando a Buda, intenté plasmar para transmitir un sentimiento en poesía, palabras con ritmo, siempre tarea complicada. Agradecida, dispuesta a seguir rompiendo mis esquemas, toqué la nueva música nacida en mi alma…

 

… Y esto surgió:

Aguas grises.

 

Como un puente colgante colgaba mi alma,

sujeta a la tierra con ambas manos,

en forma de Cristo suspendida en la nada,

ciega, sin querer y sin saber como soltarlas

hasta que abrí los ojos presa de infelicidad,

pues me sentí amarrada con mis propias cadenas,

y al rumor apagado del viento le pedí ayuda,

al calor sofocante del sol, al hielo de la nieve,

a la oscuridad de la noche y a la claridad del día,

pero el eco lo devolvía, nadie parecía escuchar,

entonces oí mi propia voz que en un susurro me decía:

“Suéltate, ¿qué haces que vives así, limitada?”.

Tiré desollando mis manos y caí al agua fría,

las heridas dolían, al mismo miedo temía,

pero feliz siendo libre de ataduras dejé de luchar,

solo quise vivir y no seguir muerta en vida

y las aguas grises se volvieron de colores,

nadé y las percibí como si fueran mías,

parte de la existencia que no se puede controlar,

mas supe que allí encontraría la dicha

y en el vaivén de su corriente me sentí protegida

 

                                                      

.

December 21

En tu calor.

 
 
 

Moro en la luz opaca ansiando ser incandescente,

esperando encontrar un halo que me oriente

hacia la fantasía de tus ojos, de tus manos encendidas

en la vieja leña del calor de amor eterno,

y surge desde ninguna parte un torbellino candente,

con sabor a fruta madura que creció con el sol,

a vino añejo que en una botella esperó a ser abierto,

con olor a hogar y calor del pan recién hecho,

con toque a una piel caliente de terciopelo,

y me envuelve en su corriente y allí permanezco

quieta, perfumada en su fragancia apacible

hasta que me eleva sutilmente entre sus alas,

abrazándome, alzándome entre sus plumas delicadas

mientras ardo y me deshago muriendo dulcemente,

 y en polvo de ceniza, plena de amor, por siempre vuelo. 

December 01

Reencuentro.

 
 

Lancé una moneda al pozo de mis deseos

y resonó rebotando en paredes de destierro

hasta que cayó en el fondo, mojado y ausente,

concibiendo en su final lejano un ruido ronco,

quizá como mi voz cuando en un susurro te pronuncia

insinuando el rumor de un viejo encuentro,

y en mí un temblor se ejecuta en antiguos cimientos

con la invocación de la más bella existencia

repleta de la emotividad que por sí sola brota

al colmar mi recuerdo manteniéndole cerca de tí

y pretendí mi deseo, aunque fuera solo por un instante,

que retornaras, que me abrazaras fácil, lento,

y no sentir ningún vacío, no echarme de menos

volviendo a reencontrarme al regresar tú conmigo.

November 11

Libre.

Me recorre tu algazara como un fuego azul

que arde lentamente entre mis sábanas,

derritiendo el hielo que hay en mis entrañas

hasta volverme agua que recorre tu vereda,

y cierro los ojos para nadar en tu mundo,

de hojas, de flores, de verdes ramas,

de jóvenes arco iris lamiendo el cielo,

de días de eternos todos y de cálidos nadas,

 y mi boca sonríe, mi corazón se ralentiza,

quedándome agradecida, tranquila y dormida,

entregándome insignificante y dócil a tu sueño,

muriendo mis cansadas penas en este anochecer

para mañana quedarse sin dueño al alba.  

September 30

......

 
September 11

No soy mas.

 
 

No soy mas

en la inmensidad

que una pequeña burbuja

atrapada por casualidad

en el devenir de una ola,

y que en la profundidad

admiró la maravilla,

y ahora se eleva de nuevo

pero ya no siente igual,

se transforma en gota de aire

que se enamoró de la mar.

 

No soy mas

en el azul del cielo

que un pequeño pájaro

nacido sin querer

en un angosto nido

y que tiene que seguir,

resolver su sino,

tirándose al vacío

sin saber, sin pensar,

sin conocer su destino.

 

No soy mas

en el pasar del tiempo

que un leve parpadeo,

efímera memoria

que luce brevemente

como la estrella que muere,

pereciendo poco a poco

y que con suaves latidos

suspira por quedarse

dejando en la oscuridad

la luz tenue de su brillo.

September 03

Escalarte.

 
 
 

Quiero escalarte,

 

marcando en ti mis dedos…

 

Subirte,

 

encontrar tu cálida boca…

 

Besarte,

 

conectar mis ojos con los tuyos…

 

Coronarte,

 

llegando hasta tu cumbre…

 

Divertirte,

 

enredar nuestros cabellos…

 

Bajarte,

 

buscando zonas prohibidas…

 

Apasionarte,

 

perdiendo la razón...

 

Saborearte,

 

disfrutándome al disfrutarte,

 

y descender por tus pies

 

hasta adorarte.  

 
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